Dependencia de aprobación, validación externa, consenso constante, opiniones ajenas, permiso psicológico para actuar. Y eso tiene un coste enorme.
Mientras dudas, otros avanzan, otros deciden, otros ocupan espacio, otros generan dirección.
La validación constante parece prudencia. Pero muchas veces es miedo sofisticado: miedo a equivocarte, exponerte, asumir responsabilidad, sostener decisiones, perder aprobación.
Aparece el patrón: consultas demasiado, retrasas decisiones simples, necesitas confirmar constantemente, conviertes todo en debate. Y poco a poco pierdes velocidad estratégica.